
Debería haber cambiado de vida, o equivocarme al nacer.
Eso es lo que pensaba cuando mis padres me mandaron a vivir con mis abuelos a Halls Creek. Es un lugar tan apartado de todo, que pareciera que estuvieras solo. La ciudad es tranquila. El ambiente igual. Casi siempre esta nublado, pero no llueve mucho, solo hace frío. Eso me desespera, aunque también odio el calor.
Bueno, te preguntarás porque acabé llegando a Halls Creek con mis maletas.
Era la última semana de clases, y como es usual, estábamos todos trastornados. Tirábamos papeles en clases, jugábamos, hasta le tiramos pintura al instituto. Pero como nadie se detuvo a pensar, aún no habían acabado las clases. Ese día nos reunimos con unos amigos antes de entrar —claro, los conocía, como conocía a casi toda la ciudad—. Llevaban unos globos llenos de pinturas. Querían tirarlos cuando sonara el último timbre, y eso pasó. Estaba el señor Hokins en la entrada, y como yo no miraba a donde caían los globos, le cayó uno a él. Todos mis amigos se mataron de la risa y, no puede evitarlo, yo también. Le resaltan los ojos con el amarillo patito. Luego de eso, nos fuimos corriendo.
Al otro día, apenas puse un pie en el instituto apareció el señor Hokins, aún con un poco de pintura en lo escaso de pelo que le quedaba. Me llevó a dirección, y desde ahí comenzó el problema. No, tal vez comenzó antes.
Llamaron a mis padres —en especial a mi padre—. Y les dijeron todo lo que había pasado. Ellos llegaron de inmediato y comenzaron con su discurso, antes de que yo los hubiera visto. Parecía como si se lo hubieran aprendido de memoria. Aún recuerdo la cara de furia que tenía mi padre, y mi madre un poco asustada porque ya veía que él me pegaba, pero nada pasó. Nada que me haya llevado al hospital. Me cancelaron la matricula. Adiós escuela.
Mi padre miró furioso al director y mi madre estaba desconcertada.
Igual, ya me lo esperaba, no soy un santo después de todo. Nunca lo fui. Hasta recuerdo cuando tenía cuatro años y ya le sacaba los peluches a mi hermana y los decapitaba. Si, siempre fue un poco satánico.
En el instituto, se podría decir, que pasaba mucho más tiempo en Dirección que en las salas de clases. Atraigo problemas, no, solo quiero pasarla bien; pero la mayoría de las personas no entienden a que me refiero con pasarla bien.
Ellos me castigaron, sin nada, y con nada me refiero a nada de nada. Sin televisión, sin computador, sin salir, ni si quiera a comprar el pan. Esa semana estuve a la siga de mi hermana. Se podría decir que la llegue a conocer mejor: Se levanta muy temprano, cuando se va al instituto no dobla en ninguna parte, tiene una amiga o tal vez dos, y se acuesta muy temprano. No parece hermana mía.
Al menos pude pasar de curso. Apenas...
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